Esta crónica es el testimonio personal de un escritor que narra su experiencia en la Fábrica de Poesía, un espacio donde ha descubierto no solo técnicas literarias, sino también una nueva forma de verse a sí mismo y a los demás. Ya lleva una vida retratando la belleza en sus textos. A través de recuerdos de clases, lugares y conversaciones, el autor expresa cómo la poesía se convierte en un punto de encuentro entre personas que comparten la misma necesidad de escribir y sentir. El texto refleja el crecimiento emocional y creativo del estudiante, como si fuera una planta en busca de agua de palabras, quien comprende que los poetas no están ocultos, sino que muchas veces solo esperan el momento y el lugar adecuado para expresarse, para florecer en medio del ripio...
Entre
flores, poesía y la tarde.
Jaime
Meneses Aguirre
Lenta la
tarde de un clima primaveral en este mes de marzo, una tarde especial que
invita a soñar, que se inclina para besar poemas apasionados que desean volar.
Los rayos solares se adormitaban, cansados y poco a poco se recostaban sobre
las copas de los árboles que sus lechos verdes apacibles, invitaban. De repente,
esa tensa calma se va tornando en un rojo amarillento amor que pinta la tierra
en su lejanía, jugando con las nubes “al sin que te roce”, con el viento que
suavemente aparece como un tierno murmullo entre hojas y pasos que no tienen
prisa.

En este
parque Primero de Mayo, se vende cariños
en flor, poemas callados en cada pétalo y en cada ramo, aromas que consuelan la
desesperación del corazón. También se le llama el Parque de las Flores, porque
todas ellas sonreídas cuentan secretos de viejos amores y listas para aromar a
los amantes que esperan vivir eternamente.

Este
parque es una atarazana de colores entre aromas frescos, transeúntes que miran
enamorados la belleza de la naturaleza y sus capullos, y, aves que esperan el
crepúsculo que viene del cielo.
Junto a
las gradas, bajo un viejo árbol que ofrece sombra al necesitado, escondidos
poetas descifran las claves del atardecer entre soles y flores, entre letras y
letras, un grupo de ansiosos lojanos que piensan, escuchan, leen, sueñan.

Una tarde
maravillosa que inspira a los integrantes de la Fábrica de Poesía a
reencontrarse con las cosas sencillas que huelen a tierra tibia, a conjugar
versos sin dejar que el tiempo pase.

El maestro
Byron Carrión junto a la docente Glenda Jiménez, dirigen esta fábrica cultural, su experiencia en prosa y en verso
es un factor indispensable en este proyecto. Gracias Byron, sus sueños se
convierten en lírica entre oídos receptivos de sus alumnos.



