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miércoles, 11 de febrero de 2026

HISPONAMÉRICA LATE EN NEW YORK

  


📅 Viernes 13 de febrero de 2026 | 17h00 – 20h00
En la víspera de San Valentín, el Consulado del Ecuador en Queens. 24-15 Queens Plaza N, Long Island City,

En una ciudad donde las lenguas se cruzan como avenidas y la prisa parece dictar el pulso cotidiano, detenerse a escuchar poesía es un gesto casi político. «El afecto como un territorio» nace precisamente de esa pausa: una invitación a pensar el amor no como mercancía estacional ni como espectáculo sentimental, sino como una práctica cultural que se cultiva en comunidad. En el Consulado del Ecuador en Queens, el 13 de febrero de 2026, la palabra se propone como casa abierta para la diáspora hispanohablante de Nueva York. 

Link de noticia en FB: https://www.facebook.com/ecuadorenqueens/photos/-jornada-literaria-el-afecto-como-un-territorioen-el-marco-de-la-conmemoraci%C3%B3n-d/1300489075445153/

La fecha no es ingenua. En el umbral de una celebración global asociada al consumo, este encuentro propone una torsión ética: devolver al afecto su espesor humano. No se trata de negar la emoción íntima, sino de ampliarla. El amor, en esta lectura, deja de ser una escena privada para convertirse en una energía que sostiene vínculos, lenguas y memorias. Amar es cuidar; es acompañar en la distancia; es preservar una forma de nombrar el mundo cuando el mundo parece desplazarse bajo los pies.

En contextos migratorios, esta experiencia adquiere una densidad singular. Quien migra no solo atraviesa fronteras geográficas: atraviesa también zonas de silencio, de extrañeza, de reinvención. La lengua materna, entonces, deja de ser un simple instrumento de comunicación y se vuelve refugio, archivo íntimo, territorio portátil. La poesía —leída en voz alta, compartida, respirada en conjunto— actúa como un dispositivo de traducción de lo humano: transforma la experiencia dispersa en relato común.


Nueva York, con su cartografía de barrios y acentos, ha sido durante décadas un espacio de tránsito y asentamiento para comunidades latinoamericanas. Ecuador, México, Colombia, Perú, Argentina y Venezuela confluyen aquí no solo como banderas, sino como tradiciones intelectuales que han dialogado con la modernidad desde perspectivas propias. Sus literaturas han sabido pensar el territorio, el cuerpo, la oralidad y la memoria como formas de conocimiento. En la ciudad global, esas herencias encuentran nuevas modulaciones.

«El afecto como un territorio» se inscribe en la línea de las humanidades vivas y activas, aquellas que no se limitan al estudio académico, sino que se encarnan en la práctica compartida. La oralidad, la lectura en voz alta y el diálogo con el público configuran un espacio hospitalario donde la escritura deja de ser un acto solitario para devenir experiencia colectiva. Cada poeta convocado no comparece únicamente como autor individual, sino como portador de una trama cultural que lo precede y lo excede.


 

El primer bloque, bajo el signo de las “lenguas que cuidan”, indaga en la escritura como registro de huellas migrantes. La memoria aparece aquí no como nostalgia paralizante, sino como fuerza que acompaña. Recordar la tierra de origen es también reinventarla en el presente; es tender puentes entre quienes comparten la experiencia del desplazamiento. La reflexión que acompaña a cada poema abre una conversación sobre el oficio, sobre la responsabilidad de narrar desde la intemperie y sobre la potencia del idioma como espacio de resistencia simbólica.

El segundo momento, dedicado a las “geografías del afecto”, desplaza la mirada hacia la ciudad. La urbe, con sus luces y fracturas, se convierte en escenario de desbordes y reencuentros. La extranjería no se romantiza, se reconoce en su complejidad. Pero junto a ella emergen estrategias de cuidado, redes informales, gestos cotidianos que reconstruyen pertenencias. La comunidad no es un dato previo, sino una construcción permanente, hecha de voces que se reconocen en su diferencia.


El cierre son nuestras voces en una voz coral —“Permanecer juntos”— la cual sintetiza el espíritu del proyecto. Al diluir jerarquías y entrelazar voces en un orden aleatorio, la lectura colectiva encarna la tesis central, "el afecto como espacio compartido". No hay protagonista único, hay tejido de palabras e infancias. La palabra circula, se contamina, se enriquece y también se recrea. En ese fluir, la poesía deja de ser un objeto para convertirse en un acto, en un modo de estar con otros para estar consigo mismo.

Los resultados esperados no se miden únicamente en cifras de asistencia, sino en la densidad de los vínculos que puedan surgir y las conexiones de afecto que se puedan reactivar. El fortalecer redes culturales, el visibilizar aportes intelectuales latinoamericanos y sobre todo el de crear un archivo simbólico y palpable de la experiencia migrante son objetivos que trascienden la coyuntura de una tarde y noche fenomenal. Pero en realidad se trata de afirmar que la cultura no es adorno sino infraestructura afectiva en todos los seres del mundo.

En tiempos de fragmentación, agresión y discursos excluyentes, apostar por la escucha es un gesto de hospitalidad radical y sincero. «El afecto como un territorio» propone habitar la ciudad  desde la memoria compartida y la imaginación crítica. Allí donde la migración suele narrarse en términos de carencia o conflicto, la poesía ofrece otra gramática, la de la permanencia en movimiento, la del cuidado como forma de ciudadanía, la del arte como una forma de denuncia.

Así, en el corazón de Queens de NY, la comunidad hispanohablante se reúne no para celebrar una fecha comercial, sino para reconocerse en la palabra. Y en ese reconocimiento, quizás, descubrir que el verdadero territorio no siempre coincide con los mapas: a veces se dibuja en la voz que nombra y en el oído que acoge a nuestros pesares. 


 

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