Clase no magistral “B”: Máquinas de coser palabras

“El poema sería
ininteligible, inexistencia para su propio autor, sin las leyes del pensar
genérico, pues sólo merced a ellas puede el poeta captar el íntimo fluir de la
conciencia, para convertirlo en objeto de su propio recreo”
Antonio Machado
"No sé lo que es la poesía, a no ser un poco de ayuda para vivir rectamente y, tal vez, para bien morir"
Salvador Espriu
"La poesía da fe de los sentidos"
José Luis Morante
En un principio,
surgió la idea de crear un taller versátil, sobre todo dirigido a aquellos que,
por cuestiones de tiempo o convicción, no podían asistir a clases en horarios
preestablecidos. Se deseaba que este laboratorio de escritura creativa fuera
móvil, capaz de trasladarse por todos los rincones de la ciudad, adaptándose a
sus diversos espacios públicos. Inicialmente, se pensó en la galería de arte
del Teatro Segundo Cueva Celi, o incluso en algún auditorio de la ciudad. Sin
embargo, lo esencial era posicionar el taller en lugares visitados por turistas
de todo el mundo, pero, sobre todo, en lugares que tuvieran una conexión
profunda con la esencia de la ciudad.
Uno de esos
lugares fue la Puerta de la ciudad o como algunos turistas le dicen el
"castillo", con sus escaleras, balcones y ventanales, como una casa
de acogida para el caminante, el primer puerto terrestre de la ciudad. Este
"castillo" que por supuesto tiene su Quijote y su Sancho de metal y
sobre todo nuestros propios molinos de viento o (parque eólico) una versión
propia de la obra de Cervantes, Loja es una obra artística en vivo, es decir
que es el propio arte en su máxima naturalidad, sigue siendo, hoy en día, un
lugar de desembarco para cronistas de viajes, quienes se acercan a contemplar
nuestra actividad y, en muchos casos, a participar. Les sorprende descubrir que
a través de la poesía se puede aprender nuestro idioma y nuestras costumbres,
pues el arte de la palabra es, lo que el corazón ha recibido en su caminar. Quién sabe algunos turistas escriben sobre su visita a Loja, quién sabe si la única
forma de que Loja salga a la intemperie, no solo sea por sus migrantes o noticias irrelevantes sino por sus letras, la
única forma de salir de Loja, es también por vía escrita.

La palabra, en
este taller, no solo se entendió como filosofía; fue invención, como lo
mencionaba Yeats: “¿Acaso la poesía y la
música no nacieron, según parece, de los sonidos que los encantadores producían
para ayudar a su propia imaginación e influir en la de los otros, cuando se
daban la tarea de encantar, de hechizar o de ligar con algún sortilegio a los
que pasaban cerca? Estos mismos vocablos (encantar, hechizar, sortilegio), que
constituyeron los máximos elogios que pueden hacer de la poesía o de la música,
nos siguen diciendo a gritos cuál ha sido su origen”. Así, el taller no
solo era un espacio de creación, sino también de reencuentro con la esencia más
primitiva del arte de la palabra.
"Si tu vida cotidiana te parece pobre, no la acuses. Acúsate a ti mismo de no ser lo bastante poeta para percibir sus riquezas"
Rainer María Rilke
"El poeta no se sabe si ha hablado de él o del mundo"
George Steiner
Una semana después
de ese despertar creativo, llegó el 24 de marzo de 2023, cuando se llevó a cabo
la segunda clase de la Fábrica de Poesía. En esta sesión, los participantes
fueron invitados a usar su imaginación como atajo para generar herramientas que
les permitieran construir una "casa de poemas". La propuesta era
también un desafío: escribir un poema sobre un ejercicio cotidiano, algo que
les recordara a su infancia, a sus amigos, a lugares, sonidos y momentos del
pasado. La idea era que la poesía también naciera del recuerdo, de lo que se
lleva en el alma.
En este proceso
creativo, resonó una cita de Gottfried en Lírica,
notas marginales: “La palabra del
poeta no sustenta idea alguna, no sustenta ningún pensamiento, ni ningún ideal;
es existencia en sí, expresión, gesto, hálito. Es una especie de realización de
naturaleza animal; en su lado oscuro radica su rareza y la pobreza de su
alcance, observable incluso en grandes obras”. Así, la poesía se convirtió
en una forma de existencia pura, libre de expectativas o ideales, que fluía de
manera espontánea, como el acto mismo de vivir.
En este taller, no
solo se trataba de escribir; también se trataba de regresar a la infancia, de
redescubrir esa capacidad de jugar, esa naturaleza impredecible que nos
alimenta espiritualmente. Como un niño que, al saber que es carnaval, se arma
con todo su entusiasmo, sus cariocas y su ropa festiva, el taller se convirtió
en un espacio de juego literario. Un juego que, más allá de la escritura, nos
invitaba a satisfacer el deseo de la creación, a explorar los rincones más
profundos del alma, como si al sumergirse en la intemperie, uno se llenara de
todo lo que se había perdido, para luego reposar, despertar, y continuar.
"Poetizar es abrir siempre y no cerrar nunca"
Juan Ramón Jiménez
"La poesía es una aleación muy afilada de la luz y oscuridad"
Erika Martínez
Hugo Gola, en sus
reflexiones sobre la poesía, también nos recordó que “el tránsito del estado previo, interno del poeta, a la escritura del
poema es de índole psicológica, subjetiva, intensa y accidental. Imprevisible.
La transferencia, el estado de ese estado al lenguaje es casi siempre dificultoso,
aunque a veces puede ser también fluido. El recorrido que se efectúa para
trasvasar, transferir o traducir la agitación del extrañamiento a la palabra,
no es sencillo; la índole de ese estado anterior difiere del lenguaje. Debe
transferirse a lenguaje algo que es más oscuro que la palabra, que es anterior
a ella, y como es de naturaleza diferente, no encuentra con facilidad su cauce”.
Por eso, en el
taller, tuvimos el valioso apoyo de la PhD Claudia Torres, quien nos ayudó a
inferir sobre la posibilidad de que este proceso, aunque difícil, puede
resultar catártico, liberador. La clase, no magistral, reunió a 20 personas de
diversas profesiones, quienes, con sus diferentes perspectivas, enriquecieron
el proceso creativo. Cada uno, a su manera, encontró en la poesía una puerta
abierta hacia su propio universo.
Así, en ese crisol
de ideas, imaginación y emoción, el taller de escritura creativa no solo se
convirtió en un espacio de aprendizaje, sino también en un lugar de encuentro
entre el ser y la palabra, entre el pensamiento y el alma. La poesía, como
siempre, fue la voz que nos permitió transitar entre esos mundos, aquella que nos permite también, dejar que todo fluya.
Próximamente: En las siguientes entregas de esta crónica, se narrará el desenlace de los textos escritos durante este taller, así como la posibilidad de que algunas de estas obras se impriman en una revista de poesía, brindando a los participantes una plataforma para compartir su voz con el mundo. La aventura literaria continúa, y cada palabra escrita se convierte en un paso más hacia la creación colectiva.
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