Existen jornadas que no se limitan a cumplir cronogramas, sino que operan como dispositivos críticos. El cuarto momento de "Literaturas Vivas" en el marco del FIAVL 2025, denominado “Activismo: Campo a Ciudad”, funcionó precisamente así: como una grieta dentro del discurso cultural complaciente. Allí, la palabra dejó de ser un mero ornamento y se convirtió en una herramienta de campo, vinculada al suelo, al cuerpo y a la comunidad.
Desde Literaturas Vivas 2025, la apuesta no fue espectacularizar procesos, sino articular experiencias preexistentes que han demostrado eficacia simbólica y social. En ese marco, el trabajo desarrollado por Rebelión del Tamal, colectivo impulsado por Pablo Iván Correa Loyola junto a su gallada, aparece como referencia ineludible. Su propuesta desborda la lógica del activismo efímero y se instala en una práctica sostenida que combina ironía política, lectura urbana y acción directa.
Este colectivo ha conseguido algo poco frecuente: trasladar el arte desde la periferia del debate público hacia espacios institucionales sin diluir su potencia crítica. La ocupación de muros, la intervención del espacio común, las acciones lúdicas y la incorporación de elementos vegetales como gesto simbólico configuran una metodología donde circo, teatro, sonido, color, arcilla y verso dialogan sin jerarquías. No se trata de embellecer la ciudad, sino de interpelarla.
El 17 de noviembre de 2025, bajo una lluvia persistente —que lejos de disuadir reforzó el sentido de resistencia—, el Parque de la Literatura, ubicado entre Valdivieso y Azuay, acogió esta jornada. La apertura, a cargo de Johanna Jiménez, propuso una lectura clara: la gestión cultural no es administración neutra, sino una práctica política capaz de modificar realidades.
La primera intervención, titulada “La gestión cultural como herramienta para el cambio social y cultural”, fue desarrollada por Pablo Iván Correa, con la moderación de Johanna Jiménez. Más que una exposición teórica, el espacio operó como laboratorio discursivo donde se cuestionaron los límites entre institucionalidad, calle y comunidad. Se discutió la necesidad de procesos de largo aliento, alejados del espectáculo y cercanos a la vida cotidiana de los barrios.
Posteriormente, Omar Cabrera dio paso al segundo encuentro: “Emprendimiento cultural: nuevas formas de gestionar proyectos artísticos y culturales en los barrios periféricos”. La ponencia de Ángeles Carrión, artista, gestora y educadora popular, evidenció una trayectoria construida desde el desplazamiento constante y el trabajo comunitario en zonas rurales de gran parte del Ecuador. Su enfoque desarma la noción de público pasivo y propone la minga como metodología cultural, donde todas las edades participan en igualdad de condiciones.
Como antecedente fundamental, resulta necesario mencionar la presencia, durante la edición anterior, de Iván Jiménez, Aida Maldonado y Lía Matute, quienes acompañaron reflexiones vinculadas a la intervención urbana y a la acción comunitaria. Actualmente, cada uno genera conocimiento desde diferentes territorios, su trabajo se ha proyectado hacia nuevos procesos de liderazgo, enfocados en la recuperación, preservación natural de reservas y resignificación de espacios olvidados del país, ampliando así el horizonte de estas prácticas hacia una ética del cuidado territorial.
Lo ocurrido durante el Día 4 fue una forma de mostrar lo invisibilizado. Fue, más bien, una confirmación: cuando la literatura se vuelve acción situada, el discurso se enraíza. Agradecemos, nuevamente, a la lluvia que no detuvo el proceso. Porque crear, incluso bajo el agua, sigue siendo una forma de insistir.





