Hubo dos días que no estaban del todo escritos en el guion inicial, dos fechas que aparecieron como un paréntesis necesario en la arquitectura del proyecto. El miércoles 19 de noviembre no fue una simple jornada dentro de una agenda cultural: fue una fisura, una pausa consciente, una desviación fértil como una planta de café. Porque no todo puede —ni debe— ser planeado. No todo puede ser premeditado, permeado, domesticado por la lógica del cronograma. Hay momentos que se revelan en el camino, que emergen cuando el proyecto deja de ser una idea y se convierte en un cuerpo, una voz, una presencia. En ese cruce entre lo previsto y lo inesperado, este proyecto: "Literaturas Vivas" se permitió escuchar lo que el contexto del público pedía. Como colectivo, como sensibilidad compartida, como oralidad viva, entendimos que el proyecto no solo debía habitar el espacio público, sino también dejarse afectar por él, cruzar la frontera hacia lo íntimo, lo social, lo político. Así, aquello que reclamaba atención —las preguntas urgentes, las voces que suelen quedar al margen, los diálogos necesarios— se integró de forma orgánica a la experiencia.
El primer escenario fue el exterior del Teatro Segundo Cueva Celi, un espacio abierto donde la ciudad respira distinto y donde la palabra se expone al ruido, al tránsito, a la mirada curiosa del transeúnte. Allí, el miércoles 19 de noviembre, se desplegó la mesa de diálogo “La cultura del emprendimiento”, un conversatorio que rompió con la idea tradicional del emprendimiento como mera transacción económica para situarlo en un terreno más complejo: el del pensamiento, la acción social y la resistencia cultural dentro de la vida del transeúnte.
Tres voces femeninas sostuvieron el diálogo, cada una desde un lugar distinto pero intenso y conectado. Johanna Jiménez, desde la experiencia de la fundación: "Dolores Caguango", aportó una mirada que articula la identidad desde la periferia, la memoria colectiva y la gestión cultural paralela. Melissa Celi, activista social, tensionó el concepto del emprendimiento desde lo político, cuestionando las estructuras que lo rodean y proponiendo otras formas de organización y acción colectiva. Rita Macas, desde su establecimiento el "Emporio Lojano", habló del hacer cotidiano, del trabajo creativo como una forma de sostener y posicionar el territorio, crear economía circular y generar conocimiento y afecto al consumir productos locales.
Moderada por Carlos Chalaco, la conversación fluyó entre preguntas incómodas y reflexiones necesarias. No se trató de recetas ni de discursos triunfalistas, sino de un intercambio honesto sobre lo que implica emprender desde el pensamiento crítico, desde el compromiso social, desde la cultura como campo de disputa. En ese espacio abierto, la palabra se volvió acto público, y el emprendimiento dejó de ser un eslogan para convertirse en una práctica situada, atravesada por contextos reales.


