Hay una parte de esta canción que me parece fabulosa, y que hoy más que nunca me invita a reflexionar: “Venid escritores y críticos, que profetizáis con vuestra pluma, y mantened los ojos bien abiertos. La ocasión no se repetirá. No habléis demasiado pronto, pues la ruleta todavía está girando. No ha nombrado quién será el elegido, porque el perdedor ahora será el ganador más tarde. Los tiempos están cambiando."
Considero que los tiempos han cambiado hace tiempo, y hoy, más que nunca, siguen cambiando. Nosotros, como sociedad, debemos ser consecuentes con nuestros actos. Es nuestra responsabilidad afrontar y aceptar cuando es necesario. Mover un dedo, incluso el más mínimo gesto, es un acto de lucha, es hacer valer nuestros derechos. Estas acciones, pequeñas o grandes, nos acercan al camino de San Pedro, quien desde su puerta escucha las canciones de esos que, a lo largo de la historia, intentaron cambiar el mundo.Los artistas, activistas y personas de todo el mundo que lucharon por la justicia, que pintaron, que legislaron, lo hicieron bajo principios sólidos: la acción, la gestión, y sobre todo, los ideales de los intelectuales que nos precedieron. Ellos no solo dejaron su huella en la cultura y la historia, sino que nos dejaron ejemplos de solidaridad, de sacrificio, y de compromiso. La verdadera revolución, la que trasciende, es aquella que se basa en la acción constante, en la humanidad y en la cultura. No se trata solo de que tu mano derecha no sepa lo que hace tu izquierda, sino de ayudar sin esperar nada a cambio.
Y hoy, en medio de todo esto, vuelvo a la historia que les quiero contar, pues creo que es el reflejo perfecto de lo que menciono. Esta misma tarde, mientras iba en bicicleta a ver las encomiendas en la Cooperativa Loja, el gerente de la empresa de transportes, siempre dispuesto a apoyar a la comunidad, se ofreció a ayudarnos con el traslado. Ese gesto, tan simple pero tan valioso, demuestra que nuestra ciudad tiene empresas comprometidas con la sociedad, que están dispuestas a dar una mano en los momentos difíciles. La gestión, la capacidad de actuar, es lo que nos permite enfrentar los retos con esperanza.
Mientras coordinábamos la entrega en el Cantón Chaguarpamba, un amigo de la Universidad Camilo Yépez Costa se acercó a mí y me extendió su mano, no solo en un saludo, sino con un regalo inesperado: tres fabulosas obras narrativas y cronísticas de su tío, el escritor Patricio Costa Paladines. Fue un gesto increíble, especialmente hoy, en medio de tanta emergencia. Me obsequió los libros Tirando a la bartola, Navaja de Doble Filo y 5 Pedazos del Doctor. Fue un regalo prodigioso, la mejor forma de aliviar el estrés: leer y coleccionar libros.
Patricio Costa Paladines, un escritor muy respetado y también pariente del Divo Pablo Palacio, ha dejado una huella profunda en la literatura de nuestra región. Sus obras, que ahora serán parte de mi biblioteca, son imprescindibles dentro de las lecturas de autores lojanos. Si bien este post debería centrarse en sus escritos, considero que hay algo más grande detrás de todo esto: la vida misma, con sus sorpresas, nos paga con pequeñas alegrías. Son estas pequeñas acciones gigantes las que realmente hacen la diferencia.
Este post no solo pretende ser una crónica sobre un libro o un regalo. Va más allá. Hoy quiero compartir algo más profundo, algo que va más allá de la ideología o las creencias. Como decía Heidegger: “El amor convierte la gratitud en fidelidad a nosotros mismos y en fe incondicional en el otro”. Este es el verdadero motor de la vida, el que nos permite crear un vínculo con los demás, construir una felicidad colectiva. La felicidad no es algo que buscamos, sino algo que creamos en cada gesto, en cada acto de bondad, en cada acción que hacemos, por pequeña que sea.
Así es la vida, entre lo cotidiano y lo extraordinario, entre lo simple y lo profundo. Lo maravilloso está en lo que hacemos, en el arte de vivir. Y, sobre todo, en el hacer el bien, sin esperar nada a cambio. Hoy más que nunca, este es el camino.




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