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jueves, 15 de enero de 2026

DÍA DE LOS GORRIONES ROJOS Y OTRAS FORMAS DE ESCRIBIR DESDE LA GRIETA

 

Cuando escuché por primera vez el nombre de Ernesto Carrión, no fue en un aula ni lo vi en una portada, sino en las charlas de otros poetas. Llegó como llegan las señales distorsionadas: fragmentadas, coral, transmitidas de boca en boca por las voces de Señor Gagón, Letra Fuego, Los Melenudos Hijos de la Bohemia y otros cómplices de la palabra que uno va encontrando mientras aprende a sobrevivir escribiendo. En ese tiempo, el gesto de asombro fue inmediato —y casi automático— fue abrir el navegador y buscar poemas, como quien busca en sus chats y redes el scratch de un corazón herido y tantea un territorio antes de pisarlo.Y lo que apareció no fue un mapa, sino una grieta: un universo fugaz e infinito que parecía escrito desde la ironía, la furia y una lucidez incómoda, una voz luciferina lanzando un pedazo de cielo. 

El encuentro físico vino después. Ocurrió durante la presentación de Cursos de francés, novela ganadora del Premio Miguel Riofrío 2016, aunque presentada al año siguiente, como si también ella se negara a obedecer del todo al calendario. Aquella tarde sucedió algo que todavía hoy recuerdo como un acto de indisciplina poética. En medio de la intervención de Carrión y su gala de premiación, Paúl Chimbo Torres se levantó de su asiento —con ese impulso que recuerda inevitablemente a La sociedad de los poetas muertos— y comenzó a leer un texto de Los duelos de una cabeza sin mundo. Luego alguien más hizo lo mismo. Tal vez fueron dos, tal vez tres. No lo recuerdo con precisión porque los rostros se iban borrando mientras la poesía tomaba el espacio. Fue un performance inesperado, caótico y genial. Un instante donde el protocolo se disolvió y la literatura ocupó el cuerpo y las mentes. Después vino el aplauso, la foto inevitable, y esa sensación de haber presenciado algo irrepetible, nos sacamos el sombrero ante Ernesto y Paúl.

Ese fue el verdadero inicio. A partir de ahí llegaron los libros: Viaje de gorilas, donde se afirma —con una lucidez brutal— que el inicio de un libro es también el final de un hombre; la ironía novelística del mundillo literario: Cementerio en la luna; la plegaria blasfema y oscura de Demonia Factory. Y, por supuesto, Cursos de francés, que en ese momento leí como quien necesita una guía urgente para no desaparecer del todo. Esas obras no solo me acompañaron; me conectaron con otros autores de su generación, escritores de una potencia casi animal, que empujan lo que podría llamarse —sin solemnidad— la posta vanguardista de la región. De ellos hablaré en otros textos, con el tiempo, amor y dolor que también merecen.

El rastro de Carrión volvió a cruzarse conmigo en 2019, durante un recital poético en la Casa Morada en Guayaquil. Fue un saludo, un apretón de manos, un gesto breve. Luego, silencio. Como suele pasar con los poetas: aparecen(mos), incendian(mos) algo y se van o nos vamos. Hasta que, años después, el nombre regresó desde otro lugar. El poeta lojano Franklin Ordóñez Luna desde Cuenca como consigliere sugirió que sería una gran opción para un proyecto que apenas comenzaba a delinearse. Y a inicios de 2025, desde la Dirección de Cultura, Andrés Novillo nos contactó para apoyo en tema curatorial sobre escritores cuya obra dialogara con el contexto social y político del país, pero que además tuviera peso literario real, no decorativo, ni de relleno y que fuese consensuado.

En deliberación con el consigliere y el consejo editorial del Colectivo, apareció un título como una evidencia: País borrado. No solo por su fuerza narrativa, sino porque permitía abrir una conversación urgente con el presente. Desde ahí, todo fue tomando forma. Con el apoyo institucional y una estrategia cultural clara, logramos contactar al autor y pensar la posibilidad de que su visita se concretara en el FIAVL 2025. No fue sencillo, pero arrimando el hombro —como se dice cuando la logística se vuelve también un acto de fe— se planificaron tres actividades que terminaron por darle sentido al viaje del poeta Carrión. Nota de CCE-Núcleo de Loja.

La primera ocurrió el viernes 21 de noviembre de 2025, en el Auditorio del Colegio La Dolorosa. A las once de la mañana, se presentó el poemario Gorriones rojos, con el apoyo de Julio Espinoza desde la CCE-Loja, la Coordinación del FIAVL, la Dirección de Cultura del Municipio, el propio colegio —a través de su vicerrector Patricio Espinoza— y el Colectivo Circuito de Palabras y Literatura Creativa Loja. En el podio estuvieron Ernesto Carrión, Paúl Chimbo Torres, Carlos Carrión, Julio Espinoza con la moderación de Byron Carrión.

Lo que ocurrió ahí fue inesperado incluso para quienes confiábamos en la potencia del encuentro. Era la primera vez que una actividad de este tipo se realizaba en ese espacio, y el público juvenil siempre es una incógnita. Sin embargo, los estudiantes llenaron los asientos. Llegaron también alumnos de Literatura de la UNL y lectores curiosos. Hubo escucha y preguntas. Hubo atención real y gritos de algarabía. Carlos Carrión desmenuzó con precisión cada uno de esos poemas-canciones salvajes que conforman Gorriones rojos, obra ganadora del II Premio Hispano de Poesía Gabriela Mistral, y que en su tercera edición —con apoyo de la CCE Loja— pudo imprimirse en la ciudad. El gesto final fue quizá el más significativo y con propósito: el autor obsequió alrededor de setenta ejemplares a los estudiantes. Setenta semillas lanzadas sin esperar los aplausos. (Leer Presentación Completa: Sobre «Gorriones Rojos» (2025), de Ernesto Carriøn*

 

Esa mañana fue una siembra en tierra fértil. Porque la poesía, cuando llega temprano, no adorna o complementa una agenda: forma sensibilidad, enseña a mirar, a nombrar el mundo propio y el ajeno. Es una herramienta silenciosa para construir ciudadanía, para pensar la lojanidad más allá del cliché, desde la palabra crítica y viva.

Por la tarde, en la Biblioteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, Núcleo de Loja, tuvo lugar el conversatorio La escritura creativa como oficio. Y por la noche, en el Parque de la Literatura de la Plazoleta 1 de Mayo, se presentó oficialmente País borrado, editado por Seix Barral, con Tania Salinas Ramos como ponente. Tres momentos distintos y un mismo pulso: la literatura como espacio de encuentro, de reflexión y sobretodo de riesgo.

De esas jornadas quedan las palabras, las fotos, los libros abiertos y la certeza de que, a veces, la poesía no solo se lee: simplemente sucede. Y cuando sucede, deja marcas que no se borran fácilmente, incluso en un país que insiste en hacerlo.

 

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